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Cáceres monumental.
Un paseo de luz entre platos y platós
La Plaza Mayor de Cáceres es la antesala de un portal místico: el Arco de la Estrella. Cruzarlo es entrar en un medievo intacto de piedras eternas, cine, cigüeñas y mesas donde es imposible comer mal.
La foto que ves ahí arriba no tiene filtro ni retoque ni ajustes de color; es tal cual luce la Plaza Mayor de Cáceres si vas a cierta hora y el cielo acompaña. Esa es de una tarde de agosto, un rato antes de que el sol se marchara del todo. Estaba sentado en una terraza, de espaldas a esa escena, y me di cuenta de que pasaba algo raro por el reflejo en la cara de mi pareja. Se iluminó de un dorado tan fuerte que superaba cualquier suposición y me obligó a girarme.
Ahí estaba la Torre de Bujaco, encendida como una brasa. Con el sol entrando de lado al atardecer, la piedra se vuelve de un color miel que parece imposible y las fachadas de una mezcla a juego entre blanco y oro. Mucha gente -yo, hasta entonces- solo va a la Plaza a mediodía o ya de noche y se pierde este instante, que dura apenas unos minutos.
Cruzando el umbral
Claro que, si no conoces Cáceres y solo pasas a tomarte algo en esas terrazas, te vas a perder todo lo que está ahí mismo, detrás de la muralla. Tras esa pequeña escalinata está el Arco de la Estrella. En la parte de atrás, casi al despiste, hay una hornacina con la Virgen de la Estrella, de ahí su nombre. Es un arco curioso porque está hecho un poco de lado, pensado en su día para que los carros de caballos pudieran girar sin problemas. Al atravesarlo, entras en otro tiempo y, nada más pasar, el ruido de las cañas se queda atrás y el bullicio de los turistas de la plaza desaparece. Lo bueno de esta Cáceres es que no hay cables a la vista ni modernidades ni asfalto que te estropee la sensación de estar en el medievo.
Plaza de los Golfines

A un puñado de metros, en la Plaza de San Mateo, está Atrio. Si te gusta la gastronomía, ya sabrás de este restaurante, y es curioso que hayas tenido que pasar primero bajo el Arco de la Estrella para disfrutar de sus TRES estrellas Michelin. Una coincidencia de nombres que le va muy bien al paseo.
Piedras que son escenarios
Ahí mismo, bajando hacia la Cuesta de la Compañía, verás las dos torres blancas de la iglesia de San Francisco Javier. Ese sitio es un imán para los directores de cine. Estuve hace alguna década haciendo de extra para Ridley Scott en “1492”. Me pusieron un disfraz y me mezclé con la multitud para una escena donde la Inquisición montaba sus hogueras. No recuerdo mucho de la filmación, pero sí de lo fácil que era meterse en el papel, aunque solo fuera de extra, y de lo poco o nada que hubo que retocar para que aquello pareciese el siglo XV.

Preparando el rodaje de Juego de Tronos en la Plaza de Santa María
Los de Juego de Tronos también pasaron por aquí, y en más de una ocasión. En la Plaza de Santa María no les pegaba mucho con el estilo de la serie la estatua de San Pedro de Alcántara, con sus pies brillantes de tanto que la gente los toca. Si eres fan de la serie reconocerás la plaza, pero no verás al santo porque lo taparon con una pared falsa, más barato que unos efectos digitales. Sin embargo, el Arco de la Estrella sí que lo verás igualito a como Euron Greyjoy lo cruza victorioso en la séptima temporada.

Los fans de Game of Thrones disfrutarán de la visita recordando escenas por toda la ciudad monumental
Aljibes, cigüeñas, festivales
Si sigues subiendo hasta la Plaza de las Veletas, verás el Museo de Cáceres, con una notable colección arqueológica y etnográfica. Debajo del patio tienen un aljibe árabe entre los mejor conservados de la península. Este es un edificio noble, lleno de nidos de cigüeñas que no paran de hacer su sonido característico con el pico (el crotoreo); esa es la banda sonora del casco antiguo.
Entre estos monumentos arrancó, hace ya décadas, el festival WOMAD, uno de los mejores exponentes de las músicas del mundo. Hoy día sigue celebrándose y la Plaza Mayor se llena de gente, mezclando esa luz vieja de agosto con ritmos étnicos que vienen de muy lejos.
Al final, Cáceres es eso: un sitio donde te sientas a tomar algo y, si la luz se pone de tu parte, acabas viendo una ciudad que parece que se acaba de inaugurar, aunque lleve ahí toda la vida.
hoja de ruta
La hora de oro. Para ver la piedra «encendida», llega a la Plaza Mayor unos 45 minutos antes del ocaso. Si es agosto, busca mesa en los portales de la zona media para tener la Torre de Bujaco de frente (y, ¿por qué no?, sorpréndete esperándola de espaldas).
Aljibe y Museo. Se entra por el Palacio de las Veletas (Museo de Cáceres). La entrada es gratuita para ciudadanos de la UE. El silencio allí abajo es el mejor refugio si el calor aprieta fuera.

Comer y más. Para ir de la Plaza Mayor a Atrio, sube por el Arco de la Estrella y sigue recto hacia la Plaza de Santa María; desde allí, la Plaza de San Mateo está a apenas cuatro minutos de paseo. Otras opciones sin el protocolo de la alta cocina -pero igualmente “gastronáuticas”- son el legendario Cochinillo Asado de El Mirador de Galarza, cuya terraza ofrece una de las mejores panorámicas de la muralla. Puedes elegir entre el cochinillo asado en lento (tres horas en horno de leña) o el lingote deshuesado (¡24 horas de cocción y horno!), y toda la oferta de terrazas en la Plaza Mayor. Además tienes la ruta del tapeo a un paso de la plaza, por la Calle Pizarro, que es el eje de las tabernas y locales más auténticos, con una oferta muy variada de productos extremeños (Torta del Casar, embutidos de la zona) a precios razonables. Y al otro lado de la muralla, entre la zona monumental, varios restaurantes también muy meritorios y recomendables. Imposible comer mal en Cáceres.
Aparcar: El Parking Galarza (el del cochinillo en terraza) es, con diferencia, la opción más cómoda para entrar al casco histórico. Te deja a escasos minutos a pie de la Plaza Mayor bajando por la Calle Alzapiernas, y te ahorra el laberinto de calles estrechas que rodea la ciudad vieja, donde el tráfico está restringido y es imposible aparcar.